20130515
...Jiddu Krishnamurti, 11 de Julio de 1948--
¿Podemos llegar a lo real a través de la belleza o la belleza es estéril en lo que atañe a la verdad?
Bueno, ¿qué es lo que entendemos por belleza, y que es lo que entendemos por verdad? La belleza, por cierto, no es un ornamento; el mero adorno del cuerpo no es belleza. Todos deseamos ser bellos, presentables, pero no es eso lo que entendemos por belleza. Ser pulcro, ser aseado, ser limpio, cortés, considerado, etc., forma parte de la belleza, ¿no es así? Pero éstas son meras expresiones del estar interiormente libre de fealdad. Ahora bien, ¿qué ocurre en el mundo? Cada día, de más en más, adornamos lo externo. Los astros cinematográficos (y vosotros que los copiáis), se mantienen bellos exteriormente; pero si nada tenéis por dentro, el ornato externo, el adorno, no es belleza. ¿No conocéis, señores, ese estado intimo del ser, esa tranquilidad interior en la que hay amor, benevolencia, generosidad, misericordia? Ese estado del ser, evidentemente, es la esencia misma de la belleza, y, sin eso, el adornarse simplemente es acentuar los valores sensorios, los valores de los sentidos; y el cultivar los valores de lo sentidos, como ahora lo hacemos, tiene inevitablemente que conducir al conflicto, a la guerra, a la destrucción.
El adornar lo externo está en la naturaleza misma de nuestra actual civilización, que se basa en el industrialismo. No es que yo esté contra la industrialización; sería absurdo desteñir las industrias. Pero el limitarse a cultivar lo externo sin comprender lo interior, tiene inevitablemente que crear esos valores que llevan a los hombres a destruirse mutuamente; y eso exactamente, es lo que ocurre en el mundo. La belleza es considerada como un adorno que se compra, que se vende, que se pinta, etc. Eso, por cierto, no es la belleza. La belleza es un estado del ser, y ese estado del ser surge con la riqueza interior; no con esa acumulación interior de riquezas que llamamos virtud, ideales. Eso no es belleza. La riqueza, la belleza interior con sus tesoros imperecederos, surge cuando la mente es libre; y la mente sólo puede ser libre cuando no existe el miedo. La comprensión del mielo viene con el conocimiento propio, no por medio de la resistencia al miedo. Si resistís al miedo, es decir, a cualquier forma de fealdad, no hacéis sino erigir un muro contra él. Detrás del muro no hay libertad, sólo hay aislamiento; y lo que vive en aislamiento jamás puede ser rico, jamás puede ser pleno. La belleza, pues, tiene una relación con la realidad tan solo cuando la realidad se manifiesta a través de aquellas virtudes que son esenciales.
Ahora bien, ¿qué entendemos por verdad, Dios o lo que os plazca? Es obvio que ello no puede ser formulado; pues aquello que es formulado no es lo real, es la creación de la mente, el resultado del proceso de pensar; y el pensamiento es la respuesta de la memoria. La memoria es el residuo de experiencias incompletas; y por lo tanto la verdad, o Dios, o lo que os plazca, es lo desconocido y no puede ser formulado. Para que lo desconocido sea, la mente en sí debe dejar de estar apegada a lo conocido, y entonces hay relación entre la belleza y la realidad, entonces la realidad y la belleza no son diferentes; entonces la verdad es belleza, ya sea en una sonrisa, en el vuelo de un ave, en el grito de una criatura, o en la ira de vuestra esposa o esposo. Conocer la verdad de lo que es, es el bien; mas para conocer la belleza de esa verdad, la mente tiene que ser capaz de comprensión, y la mente no es capaz de comprensión cuando esta atada, cuando tiene miedo, cuando elude algo. Este hecho de eludir asume la forma del adorno externo, del ornato: siendo interiormente insuficientes, pobres, tratamos de embellecernos exteriormente. Edificamos hermosas casas, compramos buena cantidad de joyas, acumulamos posesiones. Todo eso es indicación de pobreza íntima. No es que no debamos tener hermosos “saris”, buenas casas; pero sin riqueza interior, eso carece de sentido. Es porque no somos interiormente ricos que cultivamos lo externo, y el cultivo de lo externo nos está llevando a la destrucción. Es decir, cuando cultiváis; los valores sensorios, la expansión es necesaria, los mercados son necesarios; tenéis que extenderos mediante la industria, y la expansión industrial en competencia significa más y más controles, de izquierda o de derecha, que inevitablemente conducen a la guerra; y procuramos resolver el problema de la guerra sobre la base de los valores sensorios.
El buscador de la verdad es el buscador de la belleza; no son distintos. La belleza no es la mera ornamentación externa sino esa riqueza que proviene de la libre comprensión interior, de la percepción de lo que es.
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